domingo, 21 de julio de 2013

Ut queant laxis: ronquera y el origen del solfeo

El himno "Ut queant laxis" en honor a san Juan Bautista, es otro himno medieval que ha mantenido cierta "popularidad" a través de los siglos. Esto se debe que su texto fue utilizado por el monje benedictino Guido de Arezzo para nombrar las notas musicales, que con pequeñas modificaciones se conserva hasta el día de hoy.
Respecto al autor del poema la tradición siempre lo ha atribuido al historiador y poeta Pablo el Diácono ( 799 aprox.). Nacido en una noble familia del reino de Lombardía, le tocó ver el final de ese reino bajo el empuje de Carlomagno. Quizás movido por las circunstancias, ingresó en el monasterio de Montecassino, donde inició su actividad literaria. Ahí atrajo la mirada de Carlomagno y en 782 lo hallamos en su corte, siendo uno de los impulsores del "renacimiento carolingio". Su obra más notable es su "Historia Gentis Langobardorum Libri VI" y también se conservan varias cartas, homilías y una colección de poemas.
Guillermo Durando ( 1296), en su Rationale Divinorum Officiorum, nos relata una anécdota que revela la circunstancia que inspira la creación del himno (tenga en cuenta el lector poco familiarizado con la liturgia católica que en la Vigilia de Pascua el diácono suele cantar una larga y complicada pieza musical):

El historiador Pablo, diácono de la iglesia de Roma, monje de Cassino, cierto día cuando iba a consagrar el cirio pascual le vino ronquera a la garganta, aunque antes tenía la voz clara; entonces para recuperar la voz, compuso en honor de san Juan el himno "Ut queant laxis", en cuyo inicio pide recuperar la voz, la cual obtuvo así como a Zacarías le fue restablecida por mérito de san Juan.
Paulus historiographus, romane ecclesie dyaconus, cassinensis monachus, quadam die cum vellet paschalem cereum consecrare rauce facte sunt fauces eius, cum prius vocales essent; vt ergo vox sibi restitueretur, composuit in honorem beati Iohannis himnum "Vt queant laxis", in cuius principio petit vocis restitucionem, quam obtinuit sicut et merito sancti Iohannis restaurata est Zacharie.
Guillermo Durando, Rationale Divinorum Officiorum, lib. 7, 14, fol. 145 v (incunable, Mainz 1459).

A pesar de esta simpática anécdota los eruditos alemanes se han mostrado reticentes a atribuir este himno a Pablo el Diácono y de hecho la edición critica de Karl Neff (Die Gedichte des Paulus Diaconus, München 1908) no incluye el himno "Ut queant laxis".
Sea quien sea el autor, este himno ya se encuentra en manuscritos del s. X, y poco después se introdujo en la Liturgia de las Horas para la fiesta del nacimiento de san Juan Bautista (24 de junio).
El otro personaje de esta historia es Guido de Arezzo ( 1033?). Este fue un monje benedictino que quiso mejorar las técnicas de escritura y enseñanza del canto litúrgico. Esto le atrajo tantas enemistades que tuvo que dejar su monasterio de Pomposa (Ferrara, en Italia) y trasladarse al monasterio de Arezzo. Ahí perfeccionó su sistema de notación musical y su nueva técnica de enseñanza musical. Recién entonces pudo saborear el éxito y su obra Micrologus: De Disciplina Artis Musicae alcanzó gran popularidad. El papa Juan XIX ( 1033) se interesó en su escritura musical y se quedó fascinado de poder descifrar el canto sin ayuda de un maestro. Antes de Guido solo se usaban dos líneas como punto de referencia (Do y Fa). Él introdujo otras dos líneas (La y Mi) formando el tetragrama, con lo cual se cubría las necesidades para el canto gregoriano.
Guido se valió del himno "Ut queant laxis" como método mnemotécnico para que los estudiantes de música recordasen el sonido de las 6 notas musicales entonces en uso, pues la melodía de ese himno iban subiendo desde la nota Do hasta el La (véase las sílabas en rojo del himno). Además de ese modo quedaron fijados los nombres de las notas musicales usadas en solfeo; antes solo existía el sistema de letras (de la A a la G). Es probable que aquella melodía fue creada ad hoc por el mismo Guido.
Posteriormente el desarrollo de la música añadió la nota Si, que fue creada a partir del último verso de la primera estrofa, y más tarde (en el s. XVII) se cambió el "Ut" por "Do", que es más cantable.
Guido de Arezzo y el obispo Teodaldus Cod. 51 (s. XII), fol. 35 v, en la Österreichische Nationalbibliothek, en Viena (imagen tomada de Bildarchiv Austria).

En la actual edición latina de la Liturgia de las Horas todavía se conserva este himno (en la edición castellana ha sido sustituido por otro himno de dudoso valor literario), aunque dividido en partes: las primeras 4 estrofas en las I y II Vísperas, otras 4 en el Oficio de Lectura y en Laudes, y con pequeñas modificaciones (por ejemplo en lugar de celso Olympo pone caelo supremo).
El himno original contiene 14 estrofas, aquí os presento cinco que se usan en las Vísperas de la Liturgia de las Horas (corresponden a las estrofas 1-4 y 13 del original). Ya que opino que un poema siempre debe ser leído en su lengua original, en mi traducción solo atiendo al sentido del texto y no me propongo formar versos.

Versus in Laudem Sancti Iohannis Baptistae, Poetae Latini Aevi Carolini, editado por Ernst Dümmler, tomo I, p. 83, MGH (Poetae I).

Ut queant laxis
mira gestorum
solve polluti
resonare fibris
famuli tuorum,
labii reatum,
Para que tus siervos puedan cantar con el pecho henchido
las maravillas de tus gestas,
absuelve la culpa del labio impuro,
Sancte Ioannes!


¡oh san Juan!
Nuntius celso
te patri magnum
nomen et vitae
veniens Olympo
fore nasciturum,
seriem gerendae
Un mensajero que viene del excelso Olimpo
revela a tu padre en orden
que tú, próximo a nacer, serías grande,
ordine promit.


tu nombre y el curso de tu vida.
Ille promissi
perdidit promptae
sed reformasti
dubius superni
modulos loquelae;
genitus peremptae
Aquel, incrédulo de la promesa divina,
de pronto perdió el sonido del habla;
pero una vez naciste le devolviste
organa vocis.


el órgano de la voz perdida.
Ventris abstruso
senseras Regem
hinc parens nati
positus cubili
thalamo manentem:
meritis uterque
Estando en el secreto nido del vientre
sentiste al Rey que estaba en el tálamo:
así por los méritos del nacido a ambas madres
abdita pandit.


se revela lo oculto.
Laudibus cives
te, Deus Simplex
supplices ac nos
celebrant superni
pariterque Trine;
veniam precamur:
Con loas te celebran los habitantes celestiales
Dios Uno y a la vez Trino;
y nosotros suplicantes pedimos perdón:
parce redemptis! ¡apiádate de los redimidos!

El autor da por supuesto que el lector conoce la historia de Juan el Bautista, por lo cual le lector moderno necesita algunas anotaciones, también para aclarar el texto latino:
En la primera estrofa: fibris indica "las entrañas"; en castellano también usamos expresiones como "las fibras del corazón". Por el contexto en este caso se refiere a los pulmones, el pecho, el corazón, por lo tanto laxis fibris también podría traducirse como "a todo pulmón", "con todo el corazón", etc. Nótese también la oposición entre el interior (fibris) y el exterior (labii) pero que paradójicamente refieran a sus contrarios, pues el interior es material y el exterior es lo espiritual.
En el segundo verso se hace alusión al evangelio de Lucas (Lc 1, 8 - 17): un ángel se aparece al sacerdote Zacarías y le anuncia que, a pesar de ser anciano él y su mujer, tendrán un hijo que han de llamar Juan, que se consagrará al Señor y que predicará la conversión.
En la tercera estrofa se hace alusión a Lc 1, 18 - 20: Zacarías se muestra incrédulo y el ángel le priva del habla hasta que se cumpla lo anunciado. Cuando circuncidan al niño y le imponen el nombre, Zacarías recupera el habla y bendice a Dios (Lc 1, 59 - 64).
La cuarta estrofa se refiere a la llamada "visitación" de la virgen María a su prima Isabel: ambas mujeres están embarazadas, una de Jesús y la otra de Juan. Según el evangelio de Lucas, al entrar María a casa de Isabel y saludarle, el niño que llevaba en el vientre (Juan) saltó de alegría y ambas mujeres se llenaron del Espíritu Santo y hablaron proféticamente (Lc 1, 39 - 55).