martes, 5 de febrero de 2013

Stabat Mater Dolorosa


En el rico tesoro de himnos medievales el Stabat Mater Dolorosa ocupa un lugar especial, pues su equilibrio entre una ágil y eficaz descripción, una profunda devoción y ternura, su agudeza psicológica llevan al lector, escena tras escena, a identificarse con el dolor de María, con el dolor del Hijo y por último a llevar la mirada hacia el propio interior.
El primer testimonio que tenemos de este himno es de finales del s. XIV, en la pluma de Giorgio Stella, en sus "Annales Genuenses" (en Muratori, Rerum Italicarum Scriptores, vol. 17, pars 2), que describe como era recitado en las procesiones de flagelantes en Semana Santa. Su autoría se ha atribuido a varios, aunque con cierto fundamento solo puede mencionarse, por un lado, al poeta franciscano Jacopo Benedetti ( 1306), aunque la mayoría de sus obras están en el dialecto de la región italiana de Umbría, y por otro lado, al papa Inocencio III ( 1216), un autor que por lo general muestra un estilo más frío e intelectual.
Sea quien sea su autor, el himno alcanzó rápida popularidad en Europa continental. En la reforma de Trento (s. XVI) no fue incluido en los textos litúrgicos oficiales, pero eso se corrigió en el Breviario y el Misal de 1727, debido a su gran raigambre en la devoción popular, y está incluida en la liturgia de la fiesta de "los siete dolores de la Virgen María" (viernes anterior a domingo de Ramos). Desde el s. XIX también fue encontrando gran aceptación y admiración entre escritores y creyentes protestantes, que se sintieron atraídos por su estremecedora experiencia de la cruz.
Crucifixion, de Andrea da Firenze ( 1379), en la Pinacoteca del Vaticano.

La musicalización de este himno a manos de talentosos compositores de música clásica (Josquin Desprez, Palestrina, Pergolesi, Haydn, Rossini, etc) también ha contribuido para mantener en primer plano este página inmortal de la poesía religiosa.
Precisamente un cultor de la música renacentista me ha pedido una publicación fidedigna del texto, pronunciación y traducción de esta obra, que bajo el peso de su popularidad en Internet, aparece a veces en algunos aspectos deformada o velada por copistas apresurados o descuidados. Como de costumbre mantengo (por comodidad del lector) la distinción entre "u" y "v". En negrita acentúo solo las palabras de tres o más sílabas (pues las de dos siempre son llanas) y para mayor profundidad en el tema de la pronunciación "moderna" puede consultarse la tabla de la primera lección de latín en este enlace:
Presento el texto indicando las tres horas canónicas en que se presentan en la Liturgia de las Horas, pero conservando su orden original.

Vísperas
Stabat mater dolorosa
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius,
cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.
Sta-bat ma-ter do-lo-ro-sa
yuks-ta cru-chem la-cri-mo-sa,
dum pen-de-bat Fi-lius,
cu-yus a-ni-mam ye-men-tem,
con-tris-ta-tam et do-len-tem
per-tran-si-vit gla-dius.
Estaba de pie la madre dolorosa
junto a la cruz, llorosa,
mientras el Hijo pendía,
cuya alma gimiente,
contristada y doliente
atravesó una espada.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!
Quae maerebat et dolebat,
pia mater, dum videbat
nati poenas incliti.
O cuam tris-tis et af-flic-ta
fuit il-la be-ne-dic-ta,
ma-ter U-ni-ye-ni-ti!
Cue me-re-bat et do-le-bat,
pi-a ma-ter, dum vi-de-bat
na-ti pe-nas in-cli-ti.
¡Oh qué triste y afligida
estuvo aquella bendita
madre del Unigénito!
Se afligía y dolía
la piadosa madre, mientras veía
las penas de su glorioso Hijo.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?
Quis non posset contristari
Christi matrem contemplari
dolentem cum Filio?
Cuis est ho-mo cui non fle-ret,
ma-trem Cris-ti si vi-de-ret
in tan-to sup-pli-chi-o?
Cuis non pos-set con-tris-ta-ri
Cris-ti ma-trem con-tem-pla-ri
do-len-tem cum Fi-lio?
¿Quién es el hombre que no lloraría
si viera a la madre de Cristo
en tanto suplicio?
¿Quién no es capaz de entristecerse
al contemplar a la madre de Cristo
que sufre con su Hijo?
Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum,
vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.
Pro pec-ca-tis su-e yen-tis
vi-dit Ye-sum in tor-men-tis,
et fla-yel-lis sub-di-tum.
Vi-dit su-um dul-chem Na-tum
mo-rien-do de-so-la-tum,
dum e-mi-sit spi-ri-tum.
Por los pecados de su pueblo
vio a Jesús en el tormento
y doblegado por los azotes,
vio a su dulce Hijo
muriendo desamparado,
mientras exhaló el espíritu.
Eia, mater!, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.
Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.
E-ia, ma-ter!, fons a-mo-ris
me sen-ti-re vim do-lo-ris
fac, ut te-cum lu-ye-am.
Fac, ut ar-de-at cor me-um
in a-man-do Cris-tum De-um
ut si-bi com-pla-cheam.
¡Ea, madre!, fuente de amor:
hazme sentir la hondura de tu dolor
para que llore contigo;
haz que arda mi corazón
amando a Cristo, Dios,
para agradarte.
Maitines
Sancta mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide,
tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.
Sanc-ta ma-ter, is-tud a-gas,
cru-chi-fik-si fi-ye pla-gas
cor-di me-o va-li-de,
tu-i Na-ti vul-ne-ra-ti,
tam di-ña-ti pro me pa-ti,
pe-nas me-cum di-vi-de.
Santa madre, haced esto:
imprimé las llagas del crucificado
firmemente en mi corazón,
y de tu Hijo herido,
que se dignó sufrir tanto por mí,
divide conmigo las penas
Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.
Iuxta crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.
Fac me te-cum pi-e fle-re,
cru-chi-fik-so con-do-le-re,
do-nec e-go vik-se-ro.
Yux-ta cru-chem te-cum sta-re,
et me ti-bi so-chia-re
in planc-tu de-si-de-ro.
¡Oh pía! hazme llorar contigo,
condolerme con el crucificado
mientras yo viva.
Estar de pie contigo junto a la cruz y acompañarte a ti
en el llanto es lo que deseo.
Laudes
Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere,
fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.
Vir-go vir-yi-num pre-cla-ra,
mi-hi yam non sis a-ma-ra,
fac me te-cum plan-ye-re,
fac, ut por-tem Cris-ti mor-tem,
pas-sio-nis fac con-sor-tem,
et pla-gas re-co-le-re.
Noble virgen de vírgenes,
que ya no te vea triste,
hazme llorar contigo,
haz que lleve la muerte de Cristo,
hazme socio de la pasión
y recordar sus llagas.
Fac me plagis vulnerari,
fac me cruce inebriari,
et cruore Filii.
Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.
Fac me pla-yis vul-ne-ra-ri,
fac me cru-che in-e-bria-ri,
et cruo-re Fi-li-i.
Flam-mis ne u-rar suc-chen-sus,
per te, Vir-go, sim de-fen-sus
in di-e yu-di-ci-i.
Haz que me hieran sus llagas,
haz que me embriague la cruz
y la sangre de tu Hijo.
Para que no arda en las llamas furiosas
defiéndeme, oh virgen,
en el día del juicio.
Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriae;
quando corpus morietur,
fac, ut animae donetur
paradisi gloria. Amen.
Cris-te, cum sit hinc ek-si-re,
da per ma-trem me ve-ni-re
ad pal-mam vic-to-rie;
cuan-do cor-pus mo-rie-tur,
fac, ut a-ni-me do-ne-tur
pa-ra-di-si glo-ria. A-men.
Oh Cristo, cuando salga de aquí,
concédeme por tu Madre alcanzar
la palma de la victoria;
cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se le conceda
la gloria del paraíso. Amén.

Una breve explicación a algunos pasajes del texto: el verbo "stare" en latín indica siempre de modo específico el "estar de pie" y no debe confundirse con el verbo castellano "estar" que tiene un sentido más genérico. La referencia a que María es atravesada por una espada no es una simple metáfora poética sino una referencia al texto de Lc 2, 34-35, en el que el anciano Simeón profetiza a María (siendo Jesús todavía un niño) que "una espada te atravesará el alma". En la octava estrofa se llama a María "virgen de vírgenes": este tipo de construcción está prestado del hebreo que construye el superlativo de sustantivos por duplicación. Por eso en el Antiguo Testamento leemos "cantar de los cantares" (= el cantar más hermoso), "rey de reyes" (= el rey más poderoso), etc. En este caso pues significa la mejor o más noble de las vírgenes.