viernes, 16 de marzo de 2018

Cocina en el Renacimiento


   Hasta no hace muchos años era casi un título de honor que un varón declarase que no sabía freír ni un huevo o encender la cocina y en cambio un descrédito que una mujer no supiese cocinar. El varón conseguía el dinero y la mujer compraba, preparaba y servía los alimentos. Esta regla solo se rompía cuando implicaba prestigio o ganancia económica: por eso aquí en Valencia, por ejemplo, los varones nunca desdeñaron preparar la paella; por eso siempre se vio con naturalidad que en un ámbito comercial un hombre cocinase o sirviese las mesas, o incluso que barriese y fregase platos, mientras que, si realizase esas mismas acciones en su hogar, hubiese sido causa de ignominia social. En cuanto la cocina era una tarea rutinaria y sin relevancia social o económica, entonces era dejada para las mujeres, mientras que la llamada “alta cocina” con su halo de creatividad y distinción estuvo durante mucho tiempo como reservada a los varones. Por eso, aunque seguramente la mayoría de los grandes “descubrimientos” del arte culinario salieron del ingenio femenino que diariamente lidiaba con los ingredientes y técnicas de preparación, sin embargo todos los libros de los siglos pasados fueron escritos por varones.

Una profesora evalúa las habilidades de una joven en la cocina (Estocolmo 1950). Foto de Wikipedia

   El más antiguo libro (al menos en Occidente, no sé si a nivel mundial), que ha llegado hasta hoy (también hubieron autores griegos pero sus obras se han perdido), dedicado a recetas y al arte culinario es atribuido a Marcus Gavius Apicius, que vivió en el s. I, durante el reinado de Tiberio, del cual sabemos con certeza (gracias a diversos testimonios de autores contemporáneos) que era un sibarita siempre en busca de nuevos sabores. Ateneo de Náucratis en su “Deipnosofistas” o “Banquete de los eruditos” (lib. 1, 12) narra que en una ocasión Apicius viajó de Campania a África apenas oyó que ahí existía una variedad de cangrejo de río que desconocía. Cuando su barco entraba a puerto los pescadores le salieron al encuentro en lanchas y le ofrecieron los mejores que tenían. Disgustado con el producto, ordenó dar media vuelta sin siquiera desembarcar. Su búsqueda de la excelencia del refinamiento lo resumió bien Plinio: “Apicius, ad omne luxus ingenium natus” es decir: “Apicio, un talento innato para todo clase de artificios del refinamiento”. (Plinio el Viejo, Historia Natural, 9, 30). Y cuando gastó la mayor parte de su fortuna en un banquete multitudinario, aunque todavía conservaba una gran fortuna, Apicius se suicidó, considerando que ya no podría vivir con el nivel de lujo y magnificencia al que estaba acostumbrado. (Séneca, Consolatio ad Helvium, 11, 10). Los estudiosos están de acuerdo que el libro “De re coquinaria” (= del arte culinario) contiene solo un núcleo de recetas que pueden atribuirse al mismo Apicius, pues el texto que nos ha llegado fue corregido y aumentado por distintos autores anónimos y obtuvo su forma definitiva a finales del s. IV, poniéndose toda la obra bajo la autoridad de Apicius, auténtico santo patrón de todos los sibaritas de los placeres de la mesa, que supo unir lujo y arte en la cocina.

Representación de una cocina en el frontispicio del manual de cocina escrito en alemán Kuchemaistrey (Nüremberg 1490) de Conradus Celtis. Incunable de la Herzog August Bibliothek.

   En época medieval el interés por la gastronomía revivió gracias a los cocineros reales. Así en la corte de Francia se publica el “Viander” (= el cocinero) en la primera mitad del s. XIV, escrito en francés medieval, y poco después en la corte de Inglaterra se escribió “The Form of Cury” (= el método de cocinar) en inglés medieval. También hubo iniciativas privadas como atestigua el “Llibre de Sent Soví” (= el libro de San Salvio) escrito en Valencia hacia 1324 dirigido a “los scuders de tota la terra e ells cochs e los ministradors e seruidors”, y “Das Buoch von guoter Spise” (= el libro de la buena comida) escrito en alemán medieval hacia 1340 dirigido a las pujantes clases burguesas, que querían que sus banquetes tuviesen más lustre.

Índice e inicio del "Llibre de Sent Soví" (Valencia 1324): "Deueu saber que en aquest libre ha scrit LXXXVII menjars ..." Manuscrito 0216 de la Biblioteca general e histórica de la Universitat de València.

   Ya en época renacentista el maestro Martino de Rossi, que había alcanzado gran fama en Italia como cocinero del duque de Milán Francesco Sforza I y después del cardenal Ludovico Scarampi, hacia 1464/5 escribió en italiano su “Libro de arte coquinaria” (= el libro del arte culinario). Quiso el destino que este consumado cocinero conociese al humanista Bartolomé Plátina, el cual quedó fascinado con la materia y casi de inmediato puso manos a la obra y entre 1466/7 escribió en latín su “De honesta voluptate et valetudine” (= sobre el placer honesto y la buena salud), cuya edición príncipe se imprimió en Roma en 1470. Casi mil años después del libro atribuido a Apicius se volvía a publicar otro tratado gastronómico en latín. Todos los que habían escrito en los siglos anteriores a Plátina, lo habían hecho en sus lenguas nacionales y sus obras eran meros recetarios. Plátina supo superar esas limitaciones. Escribiendo en latín su obra estaba al alcance de todas las personas cultas de la Cristiandad de aquel entonces. Y tal como el título ya anuncia, Plátina no quiso simplemente copiar y recopilar recetas, sino que se detuvo en exponer las propiedades de los distintos productos alimenticios, varios consejos para conservar la buena salud y en especial sobre una buena alimentación, incluso llevó el debate al ámbito moral y filosófico al defender la licitud de ciertos placeres frente a la interpretación, entonces mayoritaria, del ascetismo cristiano. Plátina no era ni cocinero profesional, ni médico, sino simplemente un aficionado a estas materias. Por eso cuando entra en temas especializados recurre a otros autores, principalmente a la Naturalis Historia de Plinio el Viejo y al recetario de Martino de Rossi. La genialidad de Plátina estuvo en el hecho que con materiales prestados de otros autores, su elegante latín, algunas anotaciones personales y envuelto todo en un contexto científico, médico y moral consiguió una obra original que obtuvo un resonante éxito en su época y en los siglos siguientes. Después de Plátina la gastronomía no era cuestión de escuderos y sirvientes, sino que era presentado a las élites educadas con un nuevo halo prestigioso y académico.
Inicio del recetario del maestro Martino de Rossi. Manuscrito de la Library of Congress of U.S.A.

   Y si nos gusta la arqueología gastronómica, aquí tenemos unas recetas del s. XV en el elegante latín de Plátina. Sigo el texto del incunable de la Bayerische Staatsbibliothek 2 Inc. c. a. 401, Venecia 1475. Algunas palabras las he corregido (las marcadas con un *) según el incunable de la Biblioteca Nacional de España, Inc/498, Cividale del Friuli 1480.

B. Plátina, De honesta voluptate et valetudine, Venecia 1475, lib.VII, f. 59r - 59v

GUISO DE CARNE CIBARIUM EX CARNE
Has de cortar en trozos pequeños carne magra bien hervida. Una vez cortada has de cocerla de nuevo media hora en caldo graso, añadiendo antes miga de pan triturada, un poco de pimienta y un poco de azafrán.
Carnem macram elixam minutim concidito, concisam in iure pingui, iterum per dimidium horae coquito, addendo prius excauatum panem ac tritum, modicum piperis, croci [f. 59v] parum.
Cuando se haya enfriado un poco le pondrás huevos crudos, queso triturado, perejil, mejorana, menta picada finamente con un poco de agraz, mezclando y removiendo todo junto en la misma olla, moviéndolo lentamente con una cuchara para que no haga grumos.
Vbi paulum refrixerit, oua dissoluta,* caseum tritum, petroselinum, amaracum, mentham concisam minutim cum modico acrestae, mixta et simul agitata in eundem cacabum indes, cochleari lente agitando ne conglobentur.
Lo mismo también puedes hacerlo de higaditos y pulmones.
Idem etiam fieri ex iocusculis et pulmonibus potest.


B. Plátina, De honesta voluptate et valetudine, Venecia 1475, lib.VIII, f. 71v - 72r

TORTA QUE LLAMAN MAZAPÁN TORTA QUAM MARZAPANEM VOCANT
De este modo has de hacer la torta que llaman “mazapán”: las almendras, que hayan reposado día y noche en agua fresca, bien limpias lo mejor que pueda hacerse, han de ser trituradas salpicándolas continuamente con agua fresca con cuidado para que no hagan aceite.
Tortam quam marzapanem uocant hoc modo facito: amygdalas, quae in aqua recenti per diem et noctem resederint, bene mondas quam accurate fieri poterit, terito aqua recenti continuo leniter inspargendo ne oleum faciant.
Si quieres que sea óptima, deberás agregar tanta cantidad de azúcar de óptima calidad como de almendras.
Optimam si uoles, tantum sacchari optimi addito quantum amygdalarum.
Cuando todo esté bien triturado y disuelto en agua de rosas, has de amasar una suave masa y has de extenderla en una bandeja humedeciéndola frecuentemente con agua de rosas, e introducirla en el horno, esparciendo inmediatamente azúcar molida con algo de agua de rosas, para que no se seque demasiado.
Vbi omnia bene tunsa fuerint atque aqua rosacea dissoluta, in patellam leui crustulo subactam atque rosacea aqua saepius humectatam extendito, et in furnum indito, inspargendo continuo tritum saccharum cum modico aquae rosaceae, ne nimium desiccetur.
También se pueden cocer al fuego, con tal que cuidemos que no queden más tostadas que cocidas. También trataría que esta torta sea más baja que alta, pues está mejor.
Coqui item ad focum possunt, modo curetur ne tostae potiusque coctae uideantur. Bassam item quam altam hanc tortam uelim, melior enim est.
No recuerdo haber comido nada más delicioso que cuando estuve con mi amigo Patricio en Siena, donde las preparan de modo peculiar.
Cum Patritio meo Senis, vbi peculiariter fiunt, edisse nil suauius me memini.
Son óptimos los alimentos que son bien digeridos: favorecen al pecho, los riñones y al hígado, aumentan la fertilidad, excitan la libido y quitan el ardor al orinar.
Optimi sunt alimenti bene [f. 72r] concoquuntur: pectus, renes, hepar iuuant, genituram augent, venerem cient et ardorem urinae tollunt.

B. Plátina, De honesta voluptate et valetudine, Venecia 1475, lib. VIII, f. 72r - 72v
PASTEL DE PESCADO PISCIS IN PASTILLO
Has de rasgar por ambos lados cerca de la espina un pescado limpio y lavado.
Piscem mundum et lotum, circa spinam utrinque scindito.
Una vez hecho estos cortes has de sazonarlo con sal y hierbas aromáticas, y has de envolverlo en una masa de harina bastante gruesa y cocerlo en el horno.
Scissum sale et aromatibus conspargito. Inuoluitoque [72v] pasta satis grossa ac in furno decoquito.
Esto yo se lo serviría a los enemigos: ¡hasta tal punto es dañino!
Hunc ego hostibus apponerem*: adeo pernitiosus est!

Si vas a preparar estas recetas, hecha un vistazo al Libro de arte coquinario del maestro Martino de Rossi, que es de donde Plátina toma estas recetas. En el manuscrito conservado en la Library of Congress of U.S.A. (es el mejor y más antiguo que se conserva), estas recetas están bajo los siguientes títulos y folios: Menestra de carne (f. 17r), Marzapane (f. 38r - 38v), Pastelli secchi facti con pesce sano (f. 39v). ¡Buen apetito!

lunes, 27 de noviembre de 2017

La ceremonia de entronización papal según el Liber Censuum


Después de haber examinado en la entrada anterior la fábula sobre el examen genital de los futuros papas durante la ceremonia de su entronización, ahora toca leer una genuina descripción detallada de esa ceremonia tal como se realizaba en el s. XII y que ha llegado hasta nosotros en el “Liber Censuum” de Cencius.
Cencius fue canónigo de Santa María la Mayor, más tarde fue nombrado camarero papal en tiempos del papa Clemente III (1187-1191) y Celestino III (1191-1198). En 1192 empezó a recopilar y ordenar documentos administrativos y financieros relativos a los privilegios y prerrogativas de la Santa Sede, en especial una lista de aquellos obispados, monasterios, etc., que en toda la Cristiandad le debían pagar tributo, indicando las cantidades respectivas. Además de esta “Tabla de censos”, también reunió en su obra otras materias diversas: una lista de obispos y monasterios que tenían derechos o deberes especiales con la Santa Sede; copia de una descripción de los monumentos de Roma conocido como “Mirabilia Urbis Romae”; una obra litúrgica sobre las ceremonias pontificias titulada “Ordo Romanus”; copia de dos breves crónicas de vidas de los papas; y una colección de cartas y documentos relativos a cuestiones económicas y prerrogativas de la Santa Sede. Por lo tanto la obra de Cencius en parte es copia de otros autores, en parte reelaboración de obras ajenas y en parte trabajo propio. Tras la muerte de Cencius su obra sirvió a otros autores como punto de referencia en materia administrativa y financiera de la Santa Sede y en los siglos siguientes al corpus original se fueron añadiendo nuevos documentos.

Coronación de Pío III. Obra del pintor italiano Pinturicchio ( 1513) en la Catedral de Siena. Imagen de José Luiz Bernardes Ribeiro en Wiki Commons
 
A finales del s. XIX el erudito francés Paul Fabre ( 1899) emprendió la colosal tarea de editar no solo los dos mejores manuscritos (Vat.lat.8486 y Riccardianus 228) de la obra de Cencius sino todos aquellos manuscritos posteriores que contenían diversos añadidos. Por desgracia tras publicar los dos primeros fascículos la muerte le sorprendía a los cuarenta años de edad y dejó la tarea inconclusa. La tarea fue continuada y acabada eficazmente por el notable erudito francés Luois Duchesne ( 1922). La introducción y las notas de esa edición están en francés pero el texto está solo en latín.
A continuación traduzco aquella parte del “Ordo Romanus” en la que se habla sobre las ceremonias relativas a la elección y consagración del papa.



Liber Censuum, editado por Paul Fabre - Louis Duchesne, fasc. 3 (París 1905), p. 311 - 312.
LVIII. En qué modo se debe elegir al sumo pontífice. Y sea que sea elegido en la Urbe, es decir elegido y consagrado, o una vez electo venga a la Urbe sin consagrar, qué se debe hacer después.
LVIII. Quomodo debeat summus pontifex eligi. Et siue eligatur in Urbe, seu electus et consecratus, uel electus et non consecratus ad Urbem accedat, quid faciendum postmodum sit.

En la basílica lateranense los cardenales eligen al futuro papa
77. Después que el romano pontífice ha muerto y ha sido sepultado, todos los cardenales vuelven a sus casas según una antigua costumbre.
77. Mortuo romano pontifice et sepulto, omnes cardinales ad propria reuertuntur secundum antiquam [consuetudinem].
Pero al segundo día se reúnen en la iglesia, y tras cantar la misa de difuntos, todos del mismo modo se marchan según una antigua costumbre.
Secunda uero die conueniunt in ecclesia, et missa mortuorum cantata, omnes similiter secundum consuetudinem antiquam recedunt.
Al tercer día reunidos todos de nuevo en la iglesia y tras celebrar primero la misa del Espíritu Santo ahí mismo, tratan sobre la elección.
Tertia autem die iterum omnes in ecclesia congregati et missa Sancti Spiritus ibidem primitus celebrata, tractant de electione.
Y después que ha sido escrutada la voluntad de todos los cardenales por algunos de ellos mismos, a quien la mayor y mejor parte ha elegido el primero de los cardenales diáconos lo cubre con el pluvial rojo y le impone el nombre elegido por él mismo; y después dos de los más ancianos cardenales lo acompañan hasta el altar, donde adora postrado, mientras el primicerio con los cantores y los cardenales cantan el “A ti Dios te alabamos”.
Et perscrutata omnium cardinalium uoluntate ab aliquibus de ipsis, in quem maior et melior pars conuenerit cardinalium prior diaconorum ipsum de pluuiali rubeo ammantat, et eidem electo nomen imponit; ipsumque deinde duo de maioribus cardinalibus adextrant usque ad altare, ubi prostratus adorat, primicerio cum scola cantorum et cardinalibus cantantibus “Te Deum laudamus”.
Una vez hecho esto, es conducido por los cardenales obispos a la sede tras el altar, y en ella es colocado, tal como corresponde. Mientras está sentado en ella, el electo recibe a todos los obispos y cardenales, y los que él quiera, para [que le besen] los pies después del beso de la paz.
Quo facto, ab episcopis cardinalibus ad sedem ducitur post altare, et in ea, ut dignum est, collocatur. In qua dum sedet, electus recipit omnes episcopos et cardinales, et quos sibi placuerit, ad pedes postmodum ad osculum pacis.

El elegido es presentado ante el pueblo para ser aclamado
78. Y alzándose de la sede es conducido por los cardenales a través del pórtico a una sede pétrea, la cual se llama “sede estercolada”, la cual se halla en el atrio de la basílica del Salvador del patriarcado Lateranense; y en ella los mismos cardenales sientan al elegido de modo honorífico, para que de verdad se diga: “Elevando al necesitado del polvo, y alzando al pobre del estiércol, para que se siente con los príncipes, y ocupe un trono de gloria”.
78. Surgensque de sede ducitur a cardinalibus ad sedem lapideam, per porticum, que sedes dicitur “stercorata”, que est ante porticum basilice Saluatoris patriarchatus Lateranensis; et in ea eumdem electum ipsi cardinales honorifice ponunt, ut uere dicatur: “Suscitans de puluere egenum, et de stercore erigens pauperem, ut sedeat cum principibus, et solium glorie teneat”. [I Sam 2, 8].
Después de un momento, poniéndose de pie junto a dicha sede el electo recibe de manos del camarlengo tres puñados de monedas, y los arroja [al pueblo] diciendo: “No tengo plata y oro para mi deleite, sino que lo que tengo, te lo doy”.
Post aliquantulam horam, stans iuxta eamdem sedem electus accipit de gremio camerarii tres pugillatas denariorum, et proicit dicens: “Argentum et aurum non est mihi ad delectationem, quod autem habeo, hoc tibi do”.
Entonces recibe al electo el deán de la basílica del Salvador del patriarcado Lateranense con uno de los cardenales o uno de los canónigos. Y mientras van por el antedicho pórtico junto a la misma basílica del Salvador [el pueblo] proclama: “San Pedro ha elegido a nuestro señor Celestino”.
Tunc autem accipit ipsum electum prior basilice Saluatoris patriarchatus Lateranensis, cum uno de cardinalibus uel uno de fratribus suis. Uenientibus autem per eumdem porticum iuxta ipsam basilicam Saluatoris adclamatur: “Domnum Celestinum sanctus Petrus elegit”.
Y así es llevado por ellos hasta las escaleras de la puerta, la cual es la entrada del palacio yendo desde la iglesia al palacio; y ahí los notables del pueblo, que reciben al elegido, lo conducen a través del palacio hasta la capilla de San Silvestre.
Sicque ducitur ab illis usque ad gradus porte, que uidelicet porta est introitus palatii uenientibus de ecclesia ad palatium ipsum; ibique iudices, eumdem electum accipientes, ducunt eum per palatium usque ad basilicam sancti Siluestri.

El elegido toma posesión del palacio Lateranense
79. Cuando ha llegado ante esta capilla, sobre cuyo arco, que se sostiene en dos columnas porfiríticas, hay una imagen del Salvador (la cual en otro tiempo al ser golpeada por un judío derramó sangre de la frente, tal como hoy se ve), el electo se sienta a la derecha en la sede porfirítica, donde el rector de la capilla de San Lorenzo le da la vara palaciega, que es signo de gobierno y corrección, y las llaves de esta basílica y del sacro palacio Lateranense; ya que a Pedro, príncipe de los apóstoles, de modo especial se le dio la potestad de cerrar y abrir, de atar y desatar, y a través de él a todos los romanos pontífices.
79. Ubi uero uentum est ante basilicam ipsam, super cuius arcum, qui sustentatur de duabus columpnis porfireticis, est ymago quedam Saluatoris (que a quodam iudeo percussa olim in fronte sanguinem emisit, sicut hodie cernitur), idem electus sedet ad dexteram in sede porfiretica, ubi prior basilice sancti Laurentii de palatio dat ei ferulam, que est signum regiminis et correctionis, et claues ipsius basilice et sacri Lateranensis palatii; quia specialiter Petro principi apostolorum data est potestas claudendi et aperiendi, et ligandi atque soluendi, et per ipsum apostolum omnibus romanis pontificibus.
Y con esa vara y llaves pasa a la otra sede que es igual y de la misma piedra; y entonces devuelve al rector tanto la vara como las llaves. En esa sede, tras una breve pausa, el rector le ciñe un cinturón rojo de seda, en el cual cuelga una bolsa púrpura, en la cual hay doce sellos de piedras preciosas y [un frasco de] almizcle.
Et cum ipsa ferula et clauibus accedit ad alteram sedem similem et eiusdem lapidis; et tunc reddit eidem priori tam ferulam quam et ipsas claues. In qua dum aliquantula mora pausat, cingitur ab eodem priore zona rubea de serico, in qua dependet bursa purpurea, in qua sunt XII sigilla pretiosorum lapidum et muscus.
En verdad el electo debe sentarse en aquellas dos sedes como si se pusiese entre dos altares, o sea como si se sentase entre el primado de Pedro príncipe de los apóstoles y la predicación de Pablo maestro de las naciones. Con el cinturón se representa la continencia de la castidad, con la bolsa el cofre del que se nutren las viudas y pobres de Cristo. Con los doce sellos se significa la potestad de los doce apóstoles; el almizcle se incluye para perfumar, tal como dice el apóstol: “Para Dios somos el buen olor de Cristo”.
Qui siquidem electus illis duabus sedibus sic sedere debet, ac si uideatur inter duos lectulos iacere, id est ut accumbat inter principis apostolorum Petri primatum, et Pauli doctoris gentium predicationem. In zona notatur continentia castitatis, in bursa gazophylacium, quo pauperes Christi nutriantur et uidue. In XII sigillis XII apostolorum potestas designatur; muscus includitur ad percipiendum odorem, ut ait apostolus: “Christi bonus odor sumus Deo”. [2 Cor 2, 15].
Mientras está sentado en esta segunda sede el electo recibe a todos los oficiales de palacio a sus pies y después para que le besen [los pies]. Y después, sentado ahí mismo, recibe de manos del camarlengo denarios de plata por valor de 10 sólidos de Campania y los arroja al pueblo; esto lo hace tres veces, diciendo: “Ha repartido, ha dado a los pobres, su justicia permanece por siempre”.
In qua secunda sede dum sedet electus, recipit omnes officiales palatii ad pedes, et postea ad osculum. Et deinde sedens ibidem recipit de manu camerarii denarios argenteos ualentes X solidos prouenienses et proicit eos super populum; hoc facit tertio, dicendo: “Dispersit, dedit pauperibus, iustitia eius manet in seculum seculi”. [Sal 112, 9].

El elegido se retira a sus aposentos privados
80. Hechas estas cosas, es conducido por el mismo pórtico bajo las imágenes de los apóstoles (que por mar vinieron a Roma por sí solas), y entra en la capilla de san Lorenzo, en la cual después de realizar una larga oración ante su altar personal, se dirige a la cámara papal, donde tras descansar según su voluntad, se dirige a la mesa.
80. Istis peractis, ducitur per ipsam porticum sub yconas apostolorum (que per mare Romam uenerunt nullo ductore), et intrat basilicam Sancti Laurentii, in quam postquam peregerit prolixam ante proprium et speciale altare orationem, pergit ad papalem cameram; ubi cum pro sua uoluntate pausauerit, pergit ad mensam.

Ceremonia de consagración en la basílica de San Pedro
81. Después de esto, al domingo siguiente el electo con todos los estamentos del sacro palacio y los nobles romanos va a la iglesia de San Pedro, y ante el altar mayor, tal como está en el ritual, es consagrado ante todo por el obispo de Ostia y otros obispos de la curia; pero esto añado: que si quizás el obispo de Ostia no estuviese presente, debe participar en la consagración el archipresbítero de Ostia o Velletri.
81. Post hec autem in proxima die dominica electus cum omnibus ordinibus sacri palatii et nobilibus romanis uadit ad ecclesiam Beati Petri, et [ad] altare maius, prout in ordine continetur, ab episcopo hostiensi specialiter et aliis episcopis de curia consecratur; hoc addito: quod si forte episcopus hostiensis presens non fuerit, archipresbyter hostiensis seu uelletrensis interesse debet consecrationi.
Una vez acabada la consagración, el rector de la sagrada basílica de San Lorenzo pone la capa sobre el altar, la cual el rector debe colocar con sus propias manos; y de inmediato el archidiácono con el segundo diácono lo dan al pontífice; y solo el archidiácono dice al pontífice: “Recibe la capa, es decir la plenitud del oficio pontifical, en honor de Dios omnipotente y de la gloriosísima Virgen, su Madre, y de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de la santa Iglesia romana” y nada más.
Qua consecratione finita, prior Sancti Laurentii sacri palatii ponit palleum super altare, quod ipse prior propria manu debet parare; et statim archidiaconus cum secundo diacono dant in manu pontificis; et solus archidiaconus dicit pontifici: “Accipe palleum, plenitudinem scilicet pontificalis officii, ad honorem omnipotentis Dei et gloriosissime Uirginis, eius Genitricis, et beatorum apostolorum Petri et Pauli et sancte romane Ecclesie” et nichil aliud.
Y de inmediato el mismo archidiácono con el rector de la basílica colocan la capa sobre el pontífice, metiendo tres alfileres de oro, delante, atrás y a la izquierda, en la cabeza de los cuales hay tres zafiros. Y así engalanado el pontífice se acerca al altar, y ahí celebra solemnemente la misa.
Statimque ipse archidiaconus cum priore basilicario aptat idem palleum super pontificem, intromissis spinulis aureis tribus, ante et retro et sinistro later, in capite quarum sunt innixi tres iacinthini lapides. Et sic ornatus accedit pontifex ad altare, et ibi celebrat honorifice missam.

Las ceremonias de entronización pontificias han ido variando a lo largo de los siglos. El siguiente video muestra la elección y presentación al pueblo tal como se realizaba a mitad del s. XX.


jueves, 7 de septiembre de 2017

El mito del examen genital de los papas


Tras las vacaciones veraniegas (aquí en el hemisferio occidental) volvemos a poner manos a la obra en nuestro blog. Durante los meses pasados he estado absorbido por otras tareas y especialmente por los últimos retoques a mi edición sinóptica de las memorias del rey Jaime I en la parte referida a la conquista de Valencia, es decir el texto catalán (el Llibre del Fets, c. 127-289) y la traducción latina de Marsili (el Liber Gestorum, III, 1-41), que espero publicar muy pronto.
Sin embargo durante este tiempo mi mente siempre ha tenido un ojo puesto en posibles temas para publicar en nuestro blog de latín. Casualmente tropecé con una publicación en Internet en la que abordaban el tema de la “sedes stercoraria” y el supuesto examen de los genitales a los que se sometía a los futuros pontífices. Aunque esta fábula forjada a finales del s. XIII no la toma en serio ningún estudioso, sin embargo sigue divulgándose por algunos blogueros que unen la audacia a su ignorancia.

Plano del actual conjunto de edificios del Laterano, que fue el centro del poder papal antes de ser desplazado por el Vaticano. Captura de pantalla de Google Maps.

Según esta fábula los elegidos al pontificado debían someterse a un examen genital para verificar que eran varones (y evitar que volviese a ocurrir el caso de la papisa Juana). Como toda buena fábula tiene un objeto o hecho real y verificable que sirve para darle un aura de veracidad: en este caso se trata de un par de tronos con un gran agujero en el asiento, los cuales se hallaban en el palacio papal Lateranense y que se usaban durante la ceremonia de entronización papal.
Antes de entrar a examinar los textos más antiguos que recogen esta leyenda hay que aclarar algunas nociones previas:
1) Las ceremonias de elección y consagración del sumo pontífice han ido variando a lo largo de los siglos. En los primeros siglos la ceremonia poco se debió diferenciar de la elección y consagración de cualquier obispo. A lo largo de los siglos IV al VII se fue afianzando el poder temporal de los papas, que en el s. VIII alcanzaron plena autonomía del control bizantino: a partir de entonces se asienta la idea que el papa no solo tiene autoridad espiritual sino que es señor temporal de la ciudad de Roma y los territorios vecinos que le están sometidos.
(Si quieres saber cómo era la ceremonia en el s. XII, lee esta entrada).
2) En la etapa más antigua la elección del obispo de Roma debió ser un asunto en el que el pueblo participaba activamente junto con el clero. Con el paso del tiempo solo los clérigos realizaron la elección, pero el elegido debía ser presentado al pueblo para ser aclamado, y solo después de esa aprobación popular se procedía a la consagración. Este sistema de tres pasos (elección clerical - aclamación popular - consagración) ha subsistido hasta la actualidad, aunque con infinidad de variantes. Es probable que en el s. VIII, cuando se afianzó la idea del papa como señor temporal, fue cuando se introdujo un cambio en la ceremonia de entronización para reflejar mejor su función como príncipe gobernante, por ello se introdujo un cuarto paso que consistía en la recepción de los signos de su poder temporal y la toma de posesión del palacio lateranense.
3) Hay que saber que la basílica lateranense y el palacio lateranense eran dos edificios distintos que estaban uno al lado del otro, y alrededor de ellos habían otras edificaciones formando todo un conjunto. También téngase en cuenta que este conjunto recibió múltiples reformas a través de los siglos, y que su configuración actual es la que asumió a mitad del s. XVII, aunque después se hicieron más reformas internas y externas. Del conjunto medieval queda muy poco: la capilla papal llamada “Sancta Sanctorum” y el claustro y patio principal del monasterio benedictino.
3) La basílica de San Juan de Letrán fue durante siglos el sitio habitual de la elección papal durante la Edad Media, aunque también se verificaron elecciones en otros lugares. El clero se reunía en dicho templo y realizaba la elección; luego el elegido era llevado a la entrada del templo y se sentaba en un trono que estaba afuera, junto a la entrada. Ahí se proclamaba el verso bíblico: “Dios levanta del polvo al pobre, y del estiércol ensalza al menesteroso, para hacerlo sentar con los príncipes y heredar un trono de honor” (I Sam 2, 8). Por eso se llamaba a ese trono en latín “sedes stercoraria”. Ahí el elegido era aclamado por el pueblo mientras lanzaba monedas a los presentes. Es probable que este trono es el que actualmente se conserva en el claustro del Laterano. Las siguientes ceremonias no siempre han conservado el mismo orden pero básicamente siempre incluían estos dos pasos: a) el elegido es llevado triunfalmente a la basílica de San Pedro y ahí es consagrado; b) el elegido toma posesión del palacio lateranense como expresión de su poder temporal: esta ceremonia se realizaba junto a la capilla papal (llamada “Sancta Sanctorum”) que había en el piso superior del palacio; ahí habían dos tronos “de pórfido” los cuales tenían los asientos agujereados, en los cuales el papa se sentaba sucesivamente mientras recibía las insignias de su poder temporal. Esos tronos se conservan hasta hoy: uno en el Museo Vaticano (llevado ahí por orden de Pío VI) y otro en el Louvre (se lo llevó Napoleón como botín en el s. XIX).
4) Todos los estudiosos están de acuerdo en que los dos tronos “de pórfido” (en realidad es mármol rojo) eran letrinas de época romana, quizás del palacio de Constantino I. ¿Por qué los llevaron al palacio papal y los usaron en la ceremonia de entronización? Seguramente atendiendo a su belleza artística y al hecho que su color recordaba el distintivo de los emperadores romanos de quienes los papas se sentían sucesores como señores de Roma. Seguramente esto ocurrió en una época en que ya se desconocía su función original, probablemente en tiempos del papa León IV ( 855), si se habla de estos tronos en el pasaje que dice: “prudentissimus papa sedilia in ingresu de marmoribus patriarchii construxit” (Louis Duchesne, Liber Pontificalis, París 1892, t. II, p. 108). Por lo tanto al inicio debió verse como un detalle menor el que aquellos “tronos” tuviesen un agujero en el asiento, que además era fácil de obviar con cojines y otros paramentos durante la ceremonia. Cuando la sede pontificia se trasladó a Avignon (Cautiverio de Avignon: 1309 - 1377) el palacio lateranense estuvo abandonado y en la mente de la mayoría se debió volver borroso el recuerdo de las distintas ceremonias que ahí se realizaban y su significado: a partir de entonces debió tomar más fuerza las fábulas y explicaciones antojadizas sobre aquellos extraños “dos tronos de pórfido”. Incluso muchos confunden hasta hoy estos dos tronos con la “sedes stercoraria”.

La llamada "sedes stercoraria" que originalmente estaba en el atrio de la basílica y actualmente se expone en el claustro benedictino del Laterano. Foto del sitio web "roma.mysupersite.it".

Ahora pasemos revista a los textos más antiguos que nos informan sobre la aparición y difusión de esta leyenda. La primera noticia cierta sobre la existencia de esta fábula la hallamos en la crónica de la abadía de Saint-Pierre-le-Vif de Sens escrita a finales del s. XIII en Francia por el monje Gaufridus, el cual, tras narrar la fábula de la papisa Juana (puedes leer el texto completo en mi entrada del 30/10/2015), dice que hay el rumor que desde entonces los romanos hacen un examen genital al elegido papa:

Geoffroy de Courlon, Cronica (c. 1295), tab. XXIII, editado por Gustave Julliot, Sens 1876, p. 298
Ella fue llamada Juan durante su papado. Rigió durante dos años, siete meses y cuatro días. La sede quedó vacante un mes.
Ista uocata fuit in papatu Iohannes. Sedit annis duobus, mensibus septem, diebus quatuor. Cessauit papatus mense uno.
No se inscribe entre los otros [papas] a causa del engaño sobre su sexo.
Non scribitur inter ceteros propter deceptionem sexus.
Se dice que de ahí los romanos tomaron la costumbre de comprobar el sexo del elegido por el agujero de una cátedra de piedra.
Unde dicitur quod romani in consuetudinem traxerunt probare sexus electi per foramen cathedre lapidee.

Otro autor casi contemporáneo, el fraile dominico Robert de Uzés ( 1296), también francés, incidentalmente nos dejó testimonio de la difusión de esta creencia, mientras relataba sus visiones místicas, las cuales puso por escrito en 1292:

Robertus de Usetia, Liber Uisionum, cap. 3, en Liber Trium Virorum et Trium Spiritualium Virginum, f. 25r, editado por Jacobus Fabrus, París 1513.
El año del Señor 1291, cuando yo moraba en la ciudad de Orange ..... retirado eso, fue puesta ahí una imagen de plata de santa María con su hijo.
Anno Domini millesimo ducentesimo nonagesimo primo, cum in Aurasica ciuitate morarer .... illoque amoto, posita fuit ibi imago beatae Mariae cum filio argentea.
Mientras la estaba mirando, el Espíritu me llevó al palacio Laterano y me puso en el pórtico delante de los tronos de pórfido, donde se dice que se averigua si el papa es varón; y todo estaba lleno de polvo, y ahí no se veía ningún viviente.
Haec dum inspicerem, duxit me Spiritus ad Lateranense palatium et posuit me in porticu ante sedes porphyrii, ubi dicitur probari papa an sit homo; et omnia puluere plena erant, et uiuens ibi non uidebatur.

La sede "de pórfido" que se conserva en el Museo Vaticano. Foto de la "Academia de Liturgia Sao Gregório Magno" en su web movimentoliturgico.org.

En una edición de las “Mirabilia” (que era una especie de guía turística y curiosidades sobre Roma) del a. 1375 encontramos una referencia a nuestra leyenda.

ms. Vat. lat. 4265 (a. 1375), en Gustavus Parthey, Mirabilia Romae, Berlín 1869, p. 51 - 52.
.... en [la basílica] Lateranense, delante del atrio, está la “sede del estiércol”, donde se dice que el papa se debe sentar cuando es consagrado [en el puesto de] san Pedro. Y dice: “Plata y oro no tengo, pero lo que tengo, te doy”.
... in Laterano, ante ambitum, est sedes sterquilinii, ubi papa ducitur ad sedendum, cum ad sanctum Petrum est consecratus. Et dicit: “Argentum et aurum non est michi, quod autem habeo, hoc tibi do”. [Hech 3: 6]
En el piso superior del palacio [lateranense], ante [la capilla de] el “Santo de los Santos”, hay dos sedes, en las que se investiga si el papa es hombre o mujer.
Supra palatium, ante “Sancta Sanctorum”, sunt due sedes, in quibus consideratur papa, an masculus sit an femina.

Entre abril de 1402 y junio de 1406 estuvo en Roma el canonista inglés Adam de Usk ( 1430), donde se había exiliado voluntariamente tras haber sido indultado de una condena por asaltar a un transeúnte y robarle un caballo y dinero. Durante su estancia en Roma, en octubre de 1404, fue testigo de las ceremonias de elección y entronización del papa Inocencio VII, de las cuales narra algunas ceremonias en desorden y de modo fragmentario, mezclando los relatos populares que corrían en boca del vulgo.

Ada de Usk, Chronicon, editado por Edward Thompson, London 1904, A.D. 1404, p. 90
Pero por abominación a la papisa Agnes, de la cual hay una imagen de piedra con su hijo cerca de [la iglesia de] San Clemente por la vía recta, hace un rodeo, y el papa, bajando del caballo, entra en esa iglesia para su entronización.
Ad detestacionem tamen pape Agnetis, cuius ymago de petra cum filio suo prope Sanctum Clementem in uia recta existit, per obliquum declinans, pro sui intronizacione, eandem ecclesiam papa, ab equo descendens, ingreditur.
Ahí toma asiento en una cátedra de pórfido, horadada por la parte [inferior] para que el cardenal más joven [compruebe] que tiene testículos. Y con el canto “Te Alabamos” es llevado al altar principal.
Ubi in porphirea cathedra, ob hoc forata ex parte per iuniorem cardinalem quod habet uirilia, sedet. Et cum cantu “Te Laudamus” ad summum altare defertur.

Encontramos un relato más fidedigno de las ceremonias de entronización en una carta del humanista Iacopo di Angelo da Scarperia ( inicio 1411), famoso por sus traducciones del griego al latín. El 3 de diciembre de 1406 había sido elegido papa Gregorio XII y poco después Iacopo escribía una carta a Crisolora, su maestro de griego, narrando en detalle la ceremonia de entierro del papa difunto, y las solemnidades que rodean la elección y consagración del nuevo papa. En aquel entonces Iacopo, gracias a la protección de un cardenal, había obtenido el puesto de “escritor apostólico” en la curia pontificia y por ello su testimonio es plenamente fidedigno respecto a la ceremonia de entronización papal. Casi al final de su relato narra las ceremonias de la toma de posesión del palacio de Letrán.

Iacobi Angeli epistola ad Emanuelem Chrysoloram, en L. Mehus, Leonardi Dathi epistolae XXXIII, Florencia 1743, p. 92.
Después, dentro del palacio sube [las escaleras] y va directo a la sagrada capilla de san Silvestre.
Intra regiam deinde ascenditur iturque continuo usque sacellum beato Silvestro sacratum.
Junto a ella hay dos sedes iguales labradas en pórfido, sobre las cuales, ya que están perforadas, el vulgo narra la demencial fábula que se examina al pontífice [para saber] si es varón.
Iuxta hoc geminae fixae sunt sedes porphyretico incisae lapide, in quibus, quod perforatae sint, insanam loquitur vulgus fabulam quod pontifex attrectetur an vir sit.
Sentándose en la sede derecha primero recibe una vara, luego unas llaves de manos del rector de la capilla, la cual se llama “Santo de los Santos”.
In dextera sedens sella baculum primo, deinde claves per praesidem sacelli, quod Sancta Sanctorum appellatum, assumit.
Cuando se levanta, las lleva en sus manos [e.d. la vara y las llaves] hasta la otra sede, en la cual es ceñido por el mismo rector con un cinturón rojo, del cual pende una bolsa que contiene doce piedras de incalculable valor.
Haec, quum surrexit, manibus portat usque alteram sedem, in qua ab eodem praeside rubra cingitur zona, cuius in pendenti loculo conduntur lapides duodecim precio incredibili.
Vista actual de la capilla papal llamada "Sancta Sanctorum". Foto de Gaspa en Wikimedia Commons.

Otro ejemplo de cómo se fue afianzando esta fábula lo tenemos en la historia de Milán escrita por Bernardino Corio ( c. 1519) un autor que escribió en un italiano latinizante, que copia en abundancia otras fuentes con poco o nulo sentido crítico y que en su obra acoge muchas fantasías, y en general escribe en desorden, mezclando los hechos importantes con minucias. En la última parte de su obra Corio describe la elección y entronización del papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) que ocurrió el 11 de agosto de 1492. Ya que Corio ni era eclesiástico ni pertenecía a la alta nobleza describe superficialmente las ceremonias propiamente religiosas mientras que nos narra con gran detalle los festejos y cortejos en las calles de Roma de las cuales fue testigo presencial. Por último, concluyendo su relato de la entronización, escribe las siguientes líneas:

Bernardinus Corius, Mediolanensis Patria Historia, Milano 1503, Pars VII, (folios sin número, cuadernillo Riiii-v)
La basílica de San Juan estaba cerrada, y ahí había gente de armas de modo que al abrir no dejaron entrar tras el pontífice a nadie mas que a los prelados. Y el señor Virginio Orsini estaba custodiando la puerta.
Il templo di Sancto Giouanne era serato, e quiui stauano le gente d'arme in modo che aprendose non lassarono entrare dreto al pontifice se non li prelati. E il signore Virgilio Vrsino era ala custodia de la porta.
Finalmente habiendo realizado las usuales solemnidades en [la capilla de] el “Sancta Sanctorum”, y examinarle en privado los testículos, y dada la bendición, regresó al palacio.
Finalmente essendo fornite le solite solemnitate in Sancta Sanctorum, e dimesticamente tochatoli li testiculi, e data la benedictione ritornò al palacio.
Alejandro VI entró en el pontificado manso como un buey, pero lo ha gobernado como un león.
Entrò al pontificato Alexandro Sexto mansueto come boue, l'ha administrato come leo.

Es obvio a partir de sus propias palabras que Corio no fue testigo presencial del supuesto examen genital del pontífice, sino que él imagina que dicho examen se habría realizado en privado en o junto a la capilla papal (que se solía llamar “Sancta Sanctorum” por la calidad y cantidad de reliquias sagradas que ahí se depositaban). Dicho en otras palabras: ya que él no pudo ver en ningún momento de las distintas y largas ceremonias de la entronización el supuesto examen genital, entonces Corio imagina que debió realizarse en privado, cuando el papa estaba a solas con los eclesiásticos. Parece que al escribir estas líneas Corio olvida que Alejandro VI entonces ya tenía al menos siete hijos y una larga lista de amantes, y que en Roma y toda Italia nadie dudaba de su virilidad.
Tras el estallido de la Reforma protestante las fábulas de la papisa Juana y el examen genital de los papas tomaron nuevo impulso y aunque desde entonces ha sido refutadas muchas veces y todos los estudiosos niegan su historicidad, sin embargo hasta hoy se sigue propalando como un hecho cierto en parte por la ingenuidad de algunos y en parte por la falta de información fidedigna.